Cesar Augusto Betancur


 

Le dicen Pucheros. Es antioqueño y muy familiar. Amigo, esposo, padre, trovador, tuitero, libretista, hombre de radio, de televisión y de teatro. Todo en un mismo saco. Y también puede ser un divertido y agudo observador de su entorno.

 

Nací en Frontino, un pueblo del occidente antioqueño muy panelero. Por eso su celebración anual se llama “Fiestas de la panela”; pero también es ganadero y lechero, y entiendo que en una época tuvo mucho oro. Allí viví hasta los cinco años cuando mis padres se trasladaron para Medellín pensando en el estudio de los hijos.

 

Mis padres fueron maestros, mi mamá de escuela y mi papá de colegio. Hoy están jubilados y viven en Envigado (Antioquia).

 

Yo me gradúo del liceo Gilberto Alzate Avendaño ubicado en el barrio Aranjuez de Medellín, donde precisamente Leonel Betancur, mi papá, dio clases de estética.

 

Creo que por el lado de él me viene gran parte de lo que hago; a mi papá siempre le gustó la trova, algo muy popular en Antioquia. Incluso en el colegio organizaba un evento muy bonito que se llamaba el Festival Intercolegiado de la Trova, en el que participaban niños y jóvenes estudiantes de la región.

 

La sede del Festival siempre fue el Alzate Avendaño y con el tiempo fue haciéndose muy popular en la ciudad y en el departamento. Muchos estudiantes nos fuimos aficionando al tema. Yo empecé a trovar estando en tercero de bachillerato (lo que hoy llaman octavo), y en pocos meses ya participaba en festivales muy importantes del país, los gané todos y de esa época y de esas lides me quedó el apodo.

 

Me dicen “Pucheros” desde que los quince años. La chapa me la puso Mario Tierra, un folclorista y poeta antioqueño (parece que cuando salía al escenario, tal vez por los nervios, hacía tanto gesto y morisqueta que a Mario se le ocurrió “rebautizarme”).

 

Sin yo buscarlo, la trova me abrió muchas puertas y me fue mostrando un camino.

 

A sus 17 años, cuando fue Rey Nacional de la Trova por primera vez

 

A los diecisiete años ya era el Rey Nacional de la Trova y mi amigo (y primer padrino artístico) Crisanto Vargas hacía en Caracol Radio “El manicomio de Vargasvil”. Él y Diego Duque me invitaron a participar del programa como libretista. Yo escribía canciones, parodias y versos, el espacio se hizo muy popular y alcanzó gran sintonía, primero a nivel regional y luego para todo el país por la cadena básica de Caracol.

 

Fue tal el éxito del programa, que la gente comenzó a reclamarlo también como show. Querían conocer de cerca al elenco. Sin buscarlo, sin pretender escribir espectáculos, tuvimos que inventar un show humorístico que rápidamente se presentó en teatros, hizo giras y fue contratado por empresas. Ya también empezamos a ir periódicamente a Estados Unidos a presentarnos ante la colonia colombiana.

 

Por esta vía fui descubriendo, sin pensarlo, sin esperarlo, que tenía cierta facilidad para hacer humor, ya no solamente versos sino también para escribir textos en prosa.

 

Después de este programa escribí para los Marinillos en La Luciérnaga y me hice a cierto nombre de escritor de humor, por lo que escribí también para colegas muy reconocidos.

 

Al terminar el bachillerato ya trabajaba para Caracol Radio, me pagaban y yo me dedicaba a viajar y escribir. Asistía a toda clase de eventos: vainas políticas; ferias internacionales, al reinado de Cartagena, porque el rey de la trova era una cara de Antioquia. Yo no había cumplido veinte años.

 

Entré a la Universidad de Antioquia a estudiar comunicación social. Cuando iba por la mitad de la carrera, en esos “ires y venires” con el Manicomio de Vargasvil nos resultó una gira por Estados Unidos que se prolongó tanto que me vi forzado a cancelar el semestre.

 

Al regreso ya no paré, y desde ahí sigo ocupado.

 

Hacía quince años escribía y dirigía en RCN Radio un programa que se llamaba La Zaranda (lo empezamos con Vargasvil, Tola y Maruja, Los Marinillos, Luz Amparo Álvarez, entre otros), cuando Juan Esteban Sampedro, otro amigo y padrino, me invitó a escribir un programa de humor político en RCN Televisión: “La Banda Francotiradores”.

 

En RCN Radio y Televisión estuve hasta 2005 cuando Cristina Palacio y Dago García me llevaron a que aprendiera a escribir novelas para Caracol. Y eso es lo que hago ahora, combinado con comedias para teatro.

 

Comencé a escribir diálogos con el equipo de una telenovela que se llamaba La Ex, con Luis Felipe Salamanca, Dago y Perla Ramírez. Ahí le fui cogiendo el tiro a eso de armar un capítulo, argumentar, diseñar un personaje, contar una historia, en fin…

 

Empecé trovando y una cosa me fue llevando a la otra. Al principio no vislumbré que pudiera vivir de eso, que pudiera ser mi profesión; yo lo tomaba como algo momentáneo.

 

Siempre he sido disciplinado y dedicado. Me casé muy joven y eso me generó aún más compromiso con el trabajo.

 

 

¿Qué es el humor para ti?

 

Hay muchas maneras de decirlo: yo creo que el sentido del humor es también el sentido de la observación…. Como que el humorista ve lo que otros no; como que el humor está hecho y el humorista lo detecta y lo aprovecha.

 

El humor también es una vaselina para decir las cosas y una forma amable de abordar situaciones incómodas.

 

Me gusta mucho leer. Leo sobre todo cuentos porque los empiezo y los termino en una sentada; soy medio hiperactivo y ansioso, y eso me lleva a querer cerrar las cerrar las historias ya.

 

 

¿Qué estás escribiendo ahora para televisión?

 

Algo sobre unos deportistas colombianos, pero no creo que deba hablar mucho de eso.

 

 

¿Cuáles han sido tus mayores éxitos y cuáles tus fracasos?

 

Les meto mucho tiempo y dedicación a los proyectos. Uno escribe una historia porque en cierta medida está seducido por ella, pero en ese medio no está garantizado el éxito. Lo único fijo es que toca camellar como un berraco.

 

Las Hermanitas Calle, lo último que hizo en televisión y que ganó muchos premios

 

Dentro de los trabajos exitosos está “Las Hermanitas Calle”. Un proyecto muy bonito, con un equipo muy bueno; fue una historia que gustó y al final se ganó un montón de premios.

Dos años antes hice “La Selección”, que creo que ha sido mi mayor éxito en televisión, que trataba sobre la vida del Tino Asprilla, Freddy Rincón, Carlos Valderrama, René Higuita e Iván René Valenciano. Fue una serie con primera y segunda partes que ahora se puede ver en Netflix.

 

A “Muñoz vale por dos”, una historia de un guardaespaldas que tenía dos esposas, también le fue muy bien.

 

Dentro de los fracasos, el más sonado fue “El encantador” que trataba sobre el fatídico boom de las llamadas pirámides en Colombia. Tenía un superelenco, pero no funcionó, no despegó y como a la semana la sacaron del aire… un golpe muy duro.

 

Una producción de televisión demanda mucho tiempo, mucho trabajo de muchas personas que al final puede terminar en la crítica de que “todo fue una mierda”. Pero así es la televisión: complicada de hacer, fácil de ver y mucho más fácil aun de criticar.

 

En tu trabajo pasas del humor al drama…

 

Sí. Es una dinámica que me gusta. Disfruto combinando la comedia con el drama, así he hecho propuestas que terminan siendo humorísticas sin anunciar que son humor. Me gusta que la gente se encuentre con la comedia cuando no la espera. Ahí el humor se potencia, creo.

 

Genial que la gente se ría y llore en un mismo capítulo, pero es difícil.

 

¿Cuál es para ti, el más retador, el más complejo de todos los géneros? ¿Acaso lo es el humor?

 

Me resulta más complejo comunicar con el drama y atrapar a una audiencia desde ahí. Es que desde pelao he trabajado el humor y me siente más cómodo ahí. Me parece más difícil hacer drama.

¿Qué te resulta más amable, escribir para teatro, televisión o para radio?

 

Me han gustado los tres escenarios y los he disfrutado mucho. Son muy distintos. La radio tiene la magia de la inmediatez; lo que se hizo y se dijo salió sin ningún filtro. Lo que yo escribía para la radio en la mañana, salía en la tarde de ese mismo día. Y dependía de mí que lo escribía, y del imitador y humorista que lo interpretaba.

En televisión son tres días escribiendo un capítulo que puede estar al aire en seis meses o un año. Y ahí el trabajo del libretista depende de que el actor se lo aprenda y lo interprete, del director que maneja la escena, de quien musicaliza, de quien ilumina, de quien edita… el trabajo es más en equipo que en la radio.

Y el teatro tiene de bueno que da la oportunidad de corregir. Lo que no funcionó en una o dos funciones, se puede mejorar para una tercera. Ni al televidente ni al oyente de radio les puedes ver la cara; al asistente al teatro sí, y eso te permite maniobrar.

 

Se interpreta mal cuando se cree que es condición natural del humorista el que tenga un carácter alegre y extrovertido.

 

Yo soy más aburrido que eso que estás diciendo. No soy chistoso, no me sale bien contar historias porque gagueo mucho, y soy tímido también.

 

Si una de las características del humorista es el sentido de observación, ¿eso invita a que manejes un diálogo interno permanente?

 

Pues escribir es un ejercicio solitario, de pasar horas solo dándole a un teclado… cuando no trabajo igual se me ocurren pendejadas; por eso ando siempre con una libreta para apuntar bobadas.

 

Hay muchos puntos de encuentro con el caricaturista que expresa de manera gráfica una emoción y usa el humor para transmitir su mensaje…

Sí. Un caricaturista generalmente hace humor a partir de la actualidad. Toma un tema, un personaje, le hace una sátira, una crítica, una burla, con un texto corto y un dibujo. A mí a veces se me ocurre el texto, pero no sé dibujar… entonces me hablo con Róbinson Díaz, que es caricaturista y publica en El Espectador, y él arma el dibujo y me da el crédito y todo. Somos muy amigos.

 

En la Revista Soho tuvimos con Róbinson y con el tuitero Egonayerbe una sección que se llamaba la “Enciclopedia Impúdica” que eran caricaturas de contenido sexual.

No siempre se tiene el mismo estado de ánimo, y tú estás en producción diaria de generación de humor. ¿Qué manejo le das, cuando te sientes triste o deprimido ante alguna situación?

Si estoy aburrido, cansado o emputado, el trabajo igual tiene que salir, como le pasa a la mayoría de la gente. Nadie llama al jefe a decirle “hoy no trabajo porque estoy como aburrido”. Hay que cumplir.

 

HAY UN COMPLOT, lleva varias temporadas en Bogotá. Se estrenó hace dos años en el Teatro La Castellana

 

 

Pero tú estás generando humor aún en momentos de dolor…

 

Ahí lo difícil es empezar. Pero a la final puede resultarte terapéutico, y hasta te puede ayudar.

 

Y ayuda a decir vainas y a sacarse clavos a través de la comedia, la “vaselina” que te dije antes… en 2016 hicimos una comedia que se llama “Hay un complot”, de sátira política que salió bien y fue muy exitosa. Tanto que en 2017 estrenamos “Hay un complot 2” y dijimos un montón de cosas sobre el famoso plebiscito, sobre el gobierno, sobre la oposición, sobre los Estados Unidos…

¿Cómo haces para no repetirte?

 

Uno trata de que no sea así, pero seguramente termina repitiéndose en algunas cosas. Ahí toca poner cara de serio y decir que no es que me esté repitiendo sino que se trata del “sello de autor”… Jajajaja.

 

 

¿Ves tus telenovelas y lo haces con carácter crítico?

 

Sí, las veo, y soy relajado con eso. He tenido la suerte de trabajar con buenos equipos y generalmente veo que las cosas quedaron mejor de lo que las escribí.

 

¿Te ves frente a las cámaras alguna vez?

 

Nunca. Veo una cámara prendida y un micrófono y empiezo a gaguear.

 

En ocasiones me pregunto cómo fui capaz de trovar. El escenario debe ser algo cómodo para un artista; yo lo padezco. Me supera el hecho de que me estén observando. Yo puedo escribir un texto, un monólogo, por soy incapaz de representarlo.

 

 

¿Cuál es ese proyecto que tienes en mente que te diga esta va a ser mi realización profesional?

 

Yo he sido suertudo y he cumplido metas que me he fijado. Comencé a trovar, quería ser el rey de la trova y rápidamente lo fui; quería trabajar en radio y lo hice; cuando vine a Bogotá, siempre fui al teatro La Castellana con mi mujer, soñaba con tener una comedia exitosa ahí, y tuve la suerte de hacerlo; quería “golear” con la telenovela del momento, y se me dio…

 

Ahora me gustaría hacer una buena película de cine, pero a este género le tengo mucho culillo. Ahí voy avanzando con algo, pero con despacio.

 

Otra vaina que me haría putamente feliz es ver una obra mía en cartelera en España; y con actores españoles. Me gusta el ritmo y la medida de esa gente para hacer humor.

 

 

¿Qué tienen ellos que te genera esa fascinación?

 

“Aquí no hay quien viva” es una comedia que dejaron de producir hace más de diez años y todavía la transmiten. Yo hago el ejercicio de quitarle el volumen y cualquiera que no sepa que se trata de una comedia, no pensaría que lo es; porque la hacen de una manera muy seria, hasta cercana al drama. Me gusta mucho ese tono actoral para el humor.

 

 

¿Antes de que llegara a tu vida la trova, qué querías ser?

 

Creo que hubiera sido un buen productor de música, Vengo de familia de músicos. Mi papá toca guitarra y canta, mis tíos también son músicos. Tengo mucha sensibilidad por la música y escribo versos. Tal vez habría hecho buenas canciones.

 

¿Hay alguien con quien quieras trabajar y aún no lo has hecho?

 

Yo he trabajado con casi todos los actores que he querido en Colombia y con la mayoría de humoristas también. La mayoría son mis amigos y me divierte tener proyectos personales con ellos.

 

 

¿Quiénes han sido tus mentores además de los que ya has mencionado?

 

En la trova mi papá, sin que fuera su propósito que yo llegara a ella. Crisanto Vargas y Diego Duque en radio, pues me dieron además la primera oportunidad de escribir. Jeringa es un gran amigo y siempre le habló bien de mí a gente que luego me dio trabajo. Cuando conocí a Dago me dijo: “Llevo años oyendo de Usted a través de Jeringa”.

 

En la televisión, me apadrinaron Juan Esteban Sampedro que ahora es jefe de entretenimiento en Caracol, y Dago García.

 

Paulo Laserna fue presidente del Canal Caracol, a quien conocí hace más de veinte años. Siempre ha sido muy deferente conmigo, y ha confiado en mí. A mí me anima eso. Si alguien confía en mí yo procuro hacer las cosas bien.

 

Gabriel Reyes ex presidente del Canal RCN. Tengo el recuerdo más cariñoso de él. Yo trabajaba en ese canal hace más de doce años cuando hacía humor político con Francotiradores. Cuando me pasé a Caracol para aprender a hacer dramatizados, fue un poco conflictiva la salida, pero este señor fue un bacán. Me lo encontré hace dos años cuando iba a recibir un premio India Catalina y pensé que no me reconocería, y no solamente me reconoció sino que se acercó muy amable y me dijo: “Pucheros, lo felicito. Está haciendo lo que quería y aprendió bien”.

 

 

 

¿Cuál es el humor que disfrutas y que te sirve como referente?

 

Hay mucha gente pero me gusta el humor de Daniel Samper Pizano. Lo leí mucho desde siempre; Les Luthiers; Woody Allen. Y mi ídolo es Roberto Fontanarrosa, que en paz descanse, un caricaturista y humorista argentino, además escritor. Trabajaba con Les Luthiers. Tiene unos cuentos de humor bellísimos, además era descomplicado; ese tipo que no se comía el cuento de nada. Absolutamente relajado y absolutamente genial; muy generoso con lo que hacía, sin darse ínfulas de nada.

 

A mí me gusta mucho la gente que es generosa con el conocimiento. Esa es mi gente preferida.

 

 

¿Qué debería decirse de Pucheros el día de mañana? ¿Qué te llenaría el alma?

 

No. Muy difícil. Quedo contento con que digan que soy un man buena onda, y con no avergonzar a nadie.




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